
Cuando tenemos un problema planteado, sea en la creación de una aplicación para comunicación o en una situación cotidiana, es tiempo de plantear soluciones creativas. Todos los días estamos llenos de problemas de diversa índole que suelen añadir variados grados de stress y terminan por frustrarnos.
Sin embargo, las formas de reaccionar de cada persona depende de su preparación y de su criterio. Una persona con estudios universitarios promedio muy probablemente haya sido preparada para aplicar soluciones en base a análisis exhaustivos y métodos y lineamientos establecidos. Un ejecutivo mediocre probablemente piense en tomar decisiones poco arriesgadas, pues teme por su puesto y no considera necesario arriesgarse para encontrar soluciones, así que muchas veces anima a otros “sacrificables” a tomar las soluciones nuevas bajo su mando pues así puede asumir como propios los triunfos y despedir a los “causantes” de los fracasos. Una persona creativa actuará con preparación, pero con la disposición de aprender de lo que no funcione.
Los tres impulsores
- La necesidad es madre de la inventiva
Una dificultad puede ser vista como un obstáculo o como una oportunidad para crear. La filosofía de los samuráis, enseña que el guerrero no sólo no debe preocuparse por los problemas, si no alegrarse de la oportunidad de probarse a sí mismo y crecer en el uso de sus capacidades. Desde luego que no debemos de asumir que podremos masticar todo lo que mordamos, por lo tanto debemos de pensar hasta qué punto podremos aceptar las consecuencias de nuestros actos y cuanta capacidad tenemos para evitar o soportar, incluso, una caída. Ante un problema práctico nuestra primera opción debe ser la que inmediatamente nos sintamos inspirados a realizar. Pensaremos así en las consecuencias de hacer tal cosa y buscaremos un balance entre las consecuencias de su aplicación y el alcance de metas que nos proporciona.
- Analizar no debe ser más que actuar.
Un viejo dicho dicta que si nos ataca una víbora, no se deben gastar miles de dólares ni se justifica la creación de una “comisión sobre serpientes”. Sólo es cosa de matarla y ya. Si sabemos cual es el problema, nuestros esfuerzos no deben de desgastarnos en pro de la búsqueda de una solución. Todo tiene su opuesto. La biblia dice “vence al mal con el bien”, para cada positivo hay un negativo y lo que sube siempre debe de bajar. Muchas veces la solución a un problema está justo frente a nosotros, al detectar el problema mismo. Sin embargo, una acción precipitada, sin análisis puede ser mucho más cara que el problema mismo y por tanto debemos de buscar soluciones en base a análisis prácticos.
- No todas las ideas son buenas, no todas son malas.
La filosofía del trabajo en equipo nos dicta que debemos de escuchar a todos y crear un consenso de ideas (después de una tormenta de ellas) o tomar una sola. Sin embargo, muchas veces las ideas responden a intereses de grupo o personales, a criterios aprendidos o transmitidos por los sistemas y escuelas de preparación y capacitación o a la posición de quien toma las decisiones. Muchas veces, una idea es escuchada sólo porque viene de “el jefe” o de un familiar de él. Una buena manera de encontrar orden en una tormenta de ideas, es evitar la tormenta. Si cada persona anota en hojas de papel idénticas sus ideas personales, todas podrán ser leídas y estudiadas sin considerar prejuicios. Todos podrán opinar, pero en orden y sin preferir las ideas de sólo uno en el equipo.
Cierto día, mi familia y yo salíamos en taxi del estacionamiento de una plaza comercial. La entrada del estacionamiento, estaba obstruida por una camioneta que, cuyo conductor en su prisa por pasar, no consideró que llevaba un vehículo más alto de lo que la entrada le permitía pasar. Lógicamente atoró su vehículo bloqueando así la entrada y creando caos. Mi comentario inmediato fue “¡Ja! Va a tener que quitarle algo de aire a las llantas para poder sacarla de allí.” El vehículo estaba no sólo trabado hacia adelante, si no hacia atrás también, puesto que se había formado una abolladura del ancho exacto del soporte superior de la entrada, que estaba embonado en la camioneta e impedía que entrara o saliera. El chofer del taxi que nos llevaba se sorprendió por la rápida solución que sugerí.
Si consideramos los tres puntos anotados, veremos que la tomé en base a ellos. Primero, la necesidad primaria era la de destrabar la camioneta, cosa por demás urgente, pues nadie podía pasar por la entrada. El análisis me llevó a una solución que a pesar de lo radical, era la más sencilla y menos gravosa. Quitar un poco de aire a las llantas traseras, debería de dar la posibilidad de meter el vehículo sin lastimar las llantas y bajando unos cuantos centímetros a la altura de la camioneta para librar el encaje formado en el toldo. Después una bomba de aire debía ser suficiente para volver a llenar las llantas y buscar una salida más alta.
El problema es que muchas veces falta ánimo de “vaciar las llantas” o de volverlas a llenar. Tal vez lo que falta es querer tomar el riesgo de andar unos metros con las llantas bajas. Quizá en una comisión creada para desencajar la camioneta, mi idea hubiera sido desechada por requerir sacar el aire de los neumáticos y muy probablemente se hubieran autorizado líneas de crédito para comprar varios litros de aceite que permitieran hacer un toldo resbaloso.
La idea más sencilla puede ser la mejor y no merece ser desechada.
me guto el articulo, los impulsores que proponen son basicos pero funcionan, Interesante el artículo, pero quien es el autor, y ojo con los errores ortográficos